Germán Aguirre Irausegui, taxista de profesión, fue asesinado después de ser acusado por ETA de actuar como confidente policial, una acusación utilizada con frecuencia por la organización para justificar sus atentados. Aquella jornada había recogido en Mondragón a un supuesto cliente que le pidió que lo trasladara hasta las inmediaciones de Villarreal. Sin sospechar nada, Germán Aguirre condujo hasta un descampado situado a unos quinientos metros del cuartel de la Guardia Civil.
Al llegar al lugar indicado, varios miembros de ETA lo estaban esperando. Allí, sin posibilidad de defenderse ni de comprender la trampa en la que había caído, recibió ocho disparos que le causaron la muerte. Los terroristas huyeron inmediatamente después, dejando su cuerpo en el lugar al que habían logrado llevarlo mediante el engaño del falso pasajero.
El asesinato de Germán Aguirre Irausegui conmocionó a la zona, donde era conocido por su trabajo y su trato cercano. Su muerte se convirtió en un nuevo ejemplo de la estrategia de terror que la banda aplicaba contra ciudadanos a los que señalaba arbitrariamente, utilizando acusaciones infundadas para justificar acciones destinadas a sembrar miedo y control social.