Carlos Arguimberri Elorriaga fue asesinado el 7 de julio de 1975 en la localidad guipuzcoana de Déba, donde trabajaba como conductor de autobuses. Su muerte marcó el inicio de una nueva campaña de ETA dirigida contra ciudadanos a los que la organización señalaba como supuestos confidentes policiales, una acusación que, como en su caso, no tenía fundamento y que se utilizaba para justificar atentados contra personas completamente ajenas a cualquier actividad relacionada con las fuerzas de seguridad.
Aquel día, Carlos Arguimberri Elorriaga se convirtió en la primera víctima de esa estrategia de terror que la banda comenzaba a desplegar, una campaña que en los meses siguientes se extendería por distintos puntos del País Vasco y que afectaría a trabajadores, vecinos y ciudadanos sin vinculación alguna con los motivos que ETA alegaba. Su asesinato generó una profunda conmoción en Déba, donde era conocido por su labor diaria y por su trato cercano con los usuarios del servicio de transporte.
La violencia con la que fue ejecutado evidenció el cambio de rumbo que la organización estaba adoptando, ampliando sus objetivos y sembrando miedo entre la población civil. La muerte de Carlos Arguimberri Elorriaga quedó así como el primer episodio de una serie de atentados que, bajo acusaciones infundadas, buscaban imponer el terror y el control social en la zona.